viernes, noviembre 07, 2008

LA PUERTA ROJA



Llovía…

La percusión despareja de los tacos contra la vereda componen una sinfonía disonante amortiguada por el agua…los pasos veloces de las victimas de un pronostico mal hecho, hacen un sutil equilibrio, hasta que un charco o una baldosa floja los deja comprobando de que siempre se puede empeorar un poco más

Solo un par de zapatos seguían un ritmo inalterable.

Él, se detuvo a centímetros del cordón…espero hasta que la seguridad maquillada de silencio le garantizara la ausencia de los motores que roncan y amenazan…respiro hondo y asumió el desafío de caminar sobre el lomo de esos brillantes caparazones rectangulares que además de adoquines, eran la frontera de la otra cuadra.

Apenas unos pasos y quedo depositado en la seguridad de otra vereda…cuatro pasos mas allá del cordón estaba la esquina que separaba con un tajo sobrio, la locura de la avenida, de la tranquilidad de la calle simple y accidental que solo existe para escapar, y nada mas…él renovó esa sensación de estar otra vez a contramano de todo, pero siguió caminando…

Esta noche, la ciudad palpita una tristeza honda, una melancolía de domingo a la tarde que hace secundaria cada voz que se escucha, dejando apenas, como telón de fondo el murmullo insistente de las gotas que nacen en el cielo zinc y encuentran destino en el piso imperturbable con una humilde y muda explosión que nadie tiene en cuenta.

Él camina entre humedades y contribuye con vapores grises a toda esta tormenta; su mano derecha apretada en el bolsillo del impermeable, su mano izquierda, mirando.
La aspereza de la pared que lo guía le devuelve sensaciones familiares, revoques conocidos por la costumbre de aquel que nunca necesito la confirmación de los ojos ni la evidencia de lo obvio.

Él siente la tensión en el aire…la misma rigidez de esos que saben algo que no quieren saber, y sabe, ademas, cómo solo saben los que sienten, qué el alma quedará desunida para siempre.

Su camino termino frente a una puerta roja.
Acarició el marco…busco instintivamente el pestillo y se quedó detenido, tentado de abrir como tantas veces.

Respiro hondo, intento cubrirse de la lluvia que parecía cada ves mas intensa y espero como solo saben esperar los condenados, hasta que la puerta roja dejo escapar del calido exilio de su vientre la contundencia del perfume de ella.
Todo se hizo eterno por un instante, hasta que una voz reconocida y sin rostro se mezclo con la sonrisa de ella.

Él sintió que algo se rompía dentro de su impermeable.

Ellos no lo vieron
Él tampoco los vio.

Antes de que se diera cuenta, el aguijón molesto de la duda paso a ser una realidad insoportable.

El agua de la lluvia envolvía su cara, pero no lavaba nada… no fue suficiente como para disimular las lagrimas del ciego que buscaba la pared con los ojos clavados en el piso, como mirando por ultima vez un camino que conocía de memoria, pero que nunca había visto