sábado, febrero 16, 2008

Puñalada al silencio

…deje de escribir…

Se puede decir, que de alguna forma, cometí un estúpido suicidio.
Creo que me canse de mi retórica y de mi cansancio y comencé a sospechar con cierto fundamento, que el que escribía ya no era yo, sino un torpe macaco que mientras se miraba el ombligo esperaba que alguna palabra lustrara el metálico fuselaje de su maltratada autoestima.

Casi sin querer funde un silencio y hoy vengo a matarlo.
Llego; y no llego ni mejor, ni más sabio, quizás un poco más cínico y oscuro que la otra vez, indudablemente mas convencido del tamaño de mis dudas y de la dimensión de mis amores.
Llego, si se me permite, un poco mas golpeado y mas solo… llego, como antes, sin saber porque vengo llegando.

Pero la realidad, esa enorme puta, no se cansa de demostrarme que no soy nada sin este papel kamikaze, que no me reconozco sin manchar de tinta este pliego virgen con mis antiguas y nuevas maldiciones y mis serios problemas de sintaxis.

Llego sin esperar bienvenidas, llego sin esperar casi nada y llego con la sorpresa intacta como en mi anterior silencio y en mi nueva certeza.

Voy llegando y en mi llegada me disculpo por la demora y me disculpo, si este que llega es apenas uno más de esos que solo esta para no irse… y nada más.

Lego sin nuevas esperanzas y con las manos casi vacías, llego con apenas algunas dudas y algún puñal reservado, y nada más.

Llego porque nunca me voy del todo y quiero ser otra vez anónimo pasajero en esta superficie.
Llego repasando mi ahogo, con la intención de resucitar a ese inconsciente que alguna vez fue, orgulloso traficante de metáforas.