miércoles, febrero 15, 2006

UN DELICADO GOURMETT PARA MIS MISERIAS


Mi adolescencia me encontró descubriendo un mundo nuevo, o descubriendo más bien, otra forma de mirarlo, casi sin querer empece a pisar ese terreno ajeno para los niños y comenze a sospechar que el ombligo del mundo no habitaba dentro de mis zapatos.
Fue en este tiempo que perdí de forma inexorable el respeto hacia mis padres, sin mas motivo que un rechazo casi genético a todo tipo de autoridad... la rebeldía y el perfume de sus consecuencias.
Mis amigos tomaron la dimensión de imprescindibles y no había mas que simpleza en esa serie de complicidad tan necesaria, es que comenzamos a tomarle el gustito a las reuniones, juntarnos entre iguales para ver pasar el tiempo, que todavía nos sobraba.
Perdí lo poco que quedaba de vergüenza y me condene a sospechosos encierros para calmar ciertas urgencias que eran difíciles de explicar, justamente porque me encerraba para entender porque ese fuego se encendía.

Perdí posibles novias por me falta de tacto, mi poca motricidad para el baile, esa afición a la critica desmedida y por esa continua conspiración de mi cara, que asustaba a las candidatas, que obviamente, preferían algo menos complicado que yo.
Creo que ahí le perdí el respeto a la belleza hueca, mas por envidia que por una conclusión masticada.
Invertí tiempo aprendiéndome frases que decoraban mis torpes oraciones y los papeles comenzaron a ser víctima de mis toscas intenciones literarias, me cargue de libros, dibujos y un buen día decidí decorar mi alma que era mi cuarto, colgando a todos mis héroes para que velaran mis desveles.
Poco sirvió que me dijeran que los Redondos, el Che, Zitarroza, Mateo o el mismísimo Jimmy Hendrix, poco tenían que ver entre sí; para mí era lo mismo, de todos admiraba algo que yo no-tenia o no sabia hacer, ellos eran en parte, el trozo que me faltaba.
Perdí la noción de distancia cuando mi cuerpo decidió crecer más rápido de lo que yo estaba dispuesto a creer, sufrí de una torpeza injusta, para las manos de fantasma que siempre tuve, un día me descubrí en silencio, golpeando cacerolas y pidiendo por gente que jamas había visto pero que por alguna razón sentía como propia.
Mas de una vez llore, y no me avergüenzo, mirando los ojos fijos de Mariana pegados en la pared.
Perdí la sencillez de mi mundo niño y trate de explicarme este otro, el mundo de los grandes, esta gran selva donde me entere bien rápido que si no comes sos comido.
Aprendí a perderle el respeto a mi pobreza, y luche por no acostumbrarme a ese conformismo cómplice de una economía que no entendía y aun no entiendo.

Un sábado a la tarde dije adiós definitivamente a ese niño que fui, y que me saludaba entre lagrimas parado en el puerto con un cielo cómplice de gotas y viento.
Me fui...a otro mundo, uno cruel y desconocido...y ajeno
De golpe me descubrí en el mundo laboral, conviviendo con una fauna extraña, en un lugar extraño y haciendo cosas que jamas había hecho. Descubrí el laburo de prepo, ese que sirve para comer.
Perdí amigos que se me quedaron en la infancia, perdí definitivamente el heroico placer de ofrecer la otra mejilla, y aprendí a pararme poco a poco en pose de luchador, aunque no demasiado creíble, por cierto.
Crecí rapido, más rápido de lo que hubiera querido, vi miseria y locura, pero nunca pense que fuera normal... descubrí que la música no es lo que se pasa en la radio y de golpe y casi por accidente termine en el Einstein viendo a los Redondos o en Cemento saltando con Sumo
De regreso a mi casa y a mis hermanos, que jamas imagine que me hicieran tanta falta, comenze a disfrutar de mi familia me di cuenta que había crecido, que ahora entendía algunas cosas que antes ni siquiera imaginaba, le perdí el miedo a los golpes porque me di cuenta que sabiendo exprimirlos, todos tienen rico jugo.
Perdí el respeto al futuro, porque me canse de esperarlo y me embarque en el secundario mundo del Liceo, ese que te decía que no hables, que no pienses, que no opines, ese que me enseño a fundamentar mi rebeldía contra un mundo que aun hoy vive patas para arriba.

Perdí noches enteras con mis secuaces planeando revoluciones con poco sustento y con mucha grapa y empezaron a sospechar que ese aliento de mis mañanas no siempre venia de no lavarme los dientes.
Me deje crecer el pelo porque no sé podía, rompí mis vaqueros porque estaba mal visto y me embarque en cuanta cosa hubiera que demostrara que yo no estaba de acuerdo con el mundo que había descubierto.
Aprendí, por suerte, a separar la paja del trigo y supe darle valor a mis amigos, esos que estaban siempre a pesar de mí.
Encontré mi primer novia, y me dejo, por uno con raya al medio.
Encontré mas novias que me dejaron hasta que tuve una que pude dejar yo.
El mundo y el tiempo se encargaron de ir puliendo algunos filos, y cambie, y de a poco me fui dando cuenta de mis logros y mis fracasos, las derrotas comenzaron a tener otro gusto, y aprendí que el camino no tiene recetas, quizás por eso, hoy puedo decir, que el mayor logro de mi tiempo adolescente fue sembrar la semilla de este tipo que hoy, sin ser gran cosa, supo convertirse en un delicado gourmett de sus miserias.

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No se entiende el menú
pero la salsa abunda.
Soy un gourmet que huele eternamente mal.
Viejas compotas que no dan respiro
al caníbal que hay en mi
(que no es bien recibido en un banquete así).

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

1 comentario:

Anónimo dijo...

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