miércoles, diciembre 21, 2005

EL BORRACHO


Naufrago en él ultimo trago y con un ademan cansado que quiso ser saludo se fue yendo.
Las solapas del sobretodo no cubrían lo suficiente y el aire helado se le hizo viento de daga en el cuello.
Los ojos tras los vidrios cansados del humo de su cigarro apenas se adivinaban como ojos de bar, brillantes y apagados... repitió el pestañeo rápido... las lagrimas escondidas no esperaron el permiso, ni la complicidad de esa esquina oscura, brotaron con fuerza, catarata que limpia y abre un surco brillante en la aspereza de la cara.
Tanto aire... y ese mareo raro que venia con el abrazo de un ahogo que inundo su garganta y le hizo perder pie... la espalda y el piso se hicieron carne antes de que apoyara una mano.
Una calesita veloz lo aplasto con recuerdos arremolinados de gentes y lugares olvidados, recordó risas olvidadas, a su madre, sus hermanos, sus amigos en esas fiestas infinitas que terminaron en largas listas de ausencia, la recordó a ella, la única que existió, con todo el tamaño de su fragilidad... revolvió los recuerdos, las fotos en sepia... fueron llegando sin ser invitadas las excusas de la soledad, esa que lo acompañaba hace tiempo, esa que lo llevaba al bar y al fondo de la botella todas las noches. esas resacas interminables,esa muerte lenta.
Cuando sintió ese frío ya era tarde; respiro lo más hondo que pudo, aguanto el aire, y su territorio fue invadido por la parca, la que busca desprevenidos, esa que los hombres intentan espantar a risa limpia.
Ella siempre escucha el silencio del llamado...

Al entierro no fue nadie.
Los gusanos no necesitan testigos para su festín.
Dios, mientras tanto, mando un poco de lluvia como para que la soledad de la despedida tuviera alguna excusa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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