lunes, noviembre 22, 2004

MIEDOS PROPIOS...MIEDOS AJENOS (XXX1)

Miedo a la noche que muestra lo que no se ve de día.
Miedo al doctor y miedo a la enfermedad.
Miedo a la muerte y más miedo a su perfume.miedo a ese Dios que condena, miedo al Diablo, miedo a no creer en ninguno de los dos, y un profundo temor a que llegado el momento, ellos, no crean en mi.
Un miedo casi fobico a las paginas en blanco y un considerable temor a que la tinta no escriba lo que quiero decir.
Miedo a lo desconocido y miedo a conocer demasiado, miedo a esa sabiduría que te abre los ojos, miedo a ver, porque a veces ver con claridad es un castigo.
Miedo a no poder esquivar el problema, miedo al vértigo del esquive. miedo a los problemas.
Miedo a treparme al árbol para ver mas allá, miedo a la altura, miedo al mas allá y sobre todo una interesante variación del miedo a ver, que es lo mismo que decir, miedo a la realidad.
Miedo a la puntualidad de la muerte y una leve sospecha de que nunca es el momento adecuado para recibirla, miedo a ser un buen anfitrión para ella, miedo a llamarla sin darme cuenta.
Miedo a morir acostado, miedo a que este fierro no funcione llegado el momento, miedo a esa especie de suicidio cotidiano, donde lo único que sobrevive es la cascara.
Miedo a morir y seguir aquí, miedo a que no me dejen ir y un miedo pavoroso a que cumplan con el ritual morboso de verme quieto.
Miedo a que mis pequeños no me entiendan, miedo a que piensen que yo alguna vez llegue a algún lado, miedo a que no les pueda enseñar con el ejemplo, que el camino tiene valor siempre que lo caminen que de nada vale llegar cuando no quedan fuerzas para salir de nuevo.
Miedo a que no aprendan que el que llego, nunca fue a ningún lado.
Miedo a desentonar y miedo a entonarme demasiado, miedo a las tentaciones y más miedo a perderlas.
Miedo a la seguridad de las palabras.
Miedo a que la justicia nunca llegue, o a que llegue después de hora.
Miedo a los jueces, miedo a la cárcel del televisor, miedo a convertirme en eso que desprecio, miedo a no saber usar mi libertad para ser mas libre.
Mido a la oscuridad que trae al Cuco y miedo al día que no se lo lleva.
Miedo a que tu vientre cambie el gusto a pan, miedo a perderme... otra vez.
Miedo a que tus manos no me reconozcan, miedo a no reconocerme en tu tacto.
Miedo a que el espejo me devuelva un rostro cansado de mirar, miedo a esa ceguera que traen los años.
Miedo a no llegar nunca a ese paraje donde uno se vuelve mas viejo y sincero.
Miedo a no poder escribir con mano propia mi leyenda, por falta de coraje o por falta de tinta.
Miedo a engrosar la lista de razones a olvidar, miedo a no dejar marca y un miedo enorme a perder la capacidad de intentarlo.
Miedo a que un freno me condene a estar quieto en el filo ese donde solo se puede ver morir los sueños sin tenderle una mano.
Miedo a ser más egoísta de lo que soy, miedo a poner mi solidaridad como virtud, miedo a venderme como algo que no soy... miedo a venderme.
Miedo a cansarme de estar con los brazos abiertos, miedo a que me falten fuerzas y me sobren razones para cerrarlos.
Miedo a que algún día encuentre razonable hacer desembocar mis venas en la calle.
Miedo al olvido propio y ajeno, miedo a perder la capacidad de soñar con los ojos abiertos y miedo a acostumbrarme a la miseria.
Miedo al miedo que congela y más miedo al cómodo calorcito que se siente cuando uno cree que llego a algún lado.
Miedo a no enseñar, miedo a no aprender.
Miedo a que llegado el dia, ni Dios, ni el Diablo, reclamen mi alma.

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