martes, agosto 24, 2004

BAR EL ESPEJO (XVI)

Detrás de la puerta grande y pesada, me recibió una rara mezcla de olores,
el ácido infaltable de un eructo de vino, mi hizo saber de inmediato que cosa no debía tomar.
Un humo denso provocado por miles de pequeños incendios de tabaco me hizo llorar los ojos.
Los viejos que estaban en la mesa de la entrada me hicieron un leve gesto con la cabeza sin sacar la vista de las cartas.
Truco,carajo!!!,Retumbo como en un monasterio el sonido ronco de una voz de grappa, al costado, Carlitos mostraba el brillo inalterable de su gomina y de su sonrisa.
La barra estaba mojada y completa, los borrachos colgados como murciélagos del marmol, no dejaban lugar a mi codo... espere una distracción y m instale sin saludar.
El dueño del boliche escuchaba con cara de aburrido las confesiones de un curda que no lo dejaba ir, me miró como queriendo decir que me había visto, yo entendí el gesto y espere; detrás de una barra primero se escucha y después se sirve.
Compañero!!!,dijo secamente
Whisky, dije sin mirar
Nunca me preguntó si quería hielo, ni que marca, asi que supuse que tomaría como él quisiera y lo que él quisiera... en un lugar como este supongo que sería lomismo, aquí nadie viene por placer, sino por alguna necesidad, aunque no lo sepa.
Mientras el combustible que me dio me iba fritando la garganta me dispuse a observar la fauna del boliche, los vidrios empapados por el calor y la humedad anulaban cualquier posibilidad de ver la calle, las moscas que zumbaban seguramente tendrían una muerte lenta en la telaraña de las botellas, botellas sin tiempo, sobre una heladera de otro siglo.
Antes de terminar el primer veneno llegue a la conclusión de que jamás había estado en un lugar tan pequeño y poblado de tanta gente distinta a mí.
Cuando mi cuerpo sufría el cuarto whisky, ya tenía un compañero para el truco.
Disfrútelo muchacho, dijo un viejo, (poniendo cara de sabio )en este lugar y a esta hora, el alcohol nos empareja, aca es todos iguales, al fin y al cabo, esto es una parroquia.